Nada más
... — Yo soy insignificante. — ¿Por qué lo dices? — Pues porque es la verdad. Yo no puedo ofrecerte nada, yo no tengo nada para nadie, quizás tiempo y compañía, nada más, y si estuvieramos juntos pues conseguiría algo de dinero para sobrevivir. — Pero eso no es necesario. — Sé que no, pero se necesita para vivir. Realmente yo no deseo lujos, ni premios ni cambiar el mundo, ni nada ostentoso, ni complicado. Tengo sueños sencillos, vivir en una casa lo suficientemente amplia para poder tener libros y espacio para caminar y pensar. — Eso es muy bonito. — Lo bonito sería poder vivir en dicha casa contigo, tal vez no hayan lujos, ni ninguna comodidad. — A mi me gustaría. — Lo importante sería tener libros y poder tener espacio para ver películas y escuchar mucha música, sobre todo leer, leer todo el tiempo. Una casita en un lugar tranquilo, en medio de las montañas, un lugar frío, un lugar como Alaska, donde no haya mucha gente y la...